22.3.09

My Own Worst Enemy, Christian Slater, versión masculina de Dollhouse

Christian Slater a puntico de ser borrado

My Own Worst Enemy, personalidad dividida
Imagínate que te llamas Henry, estás casado, tienes dos hijos, un perro. Trabajas en una oficina como consultor de administración estratégica (que vete tú a saber lo que es eso). Tu secretaria es viejuna, amable pero algo prepotente, y tu compañero, un tipo regordete, al que conoces desde hace diez años, tu mejor amigo. Tienes una vida gris, anodina, cuya única vía de escape son tus sesiones con una psicóloga muy guapa (Saffron Burrows) a la que siempre le cuentas lo mismo: esos extraños sueños que parecen tan reales y que te hacen confundir realidad y ficción.

Ahora, imagínate también que te llamas Edward, eres un mujeriego, bebes, fumas y llevas pistola. Trabajas para una organización secreta del Gobierno, hablas 19 idiomas. Tu jefa (Alfre Woodward) lleva bastón a lo House, juega sola al ajedrez y es como la Money Penny de Bond (en realidad pareces un 007 en espera de la próxima misión). Tienes una vida loca, peligrosa, cuya única vía de escape es tu refugio, un piso lujoso, con un piano, champagne del caro y una gran pantalla de TV tras la que se esconde todo un arsenal de armas. La única otra persona con la que te relacionas es Tony, un nerd, viciado de los videojuegos, que trabaja con una tecnología que jamás has visto, revolucionaria, pero que, sin saber porqué falla.

Y es entonces cuando descubres que Henry y Edward son la misma persona, una especie de Jekyll y Mr Hyde, un Dexter sanguinario, padre de familia cuando se le desconecta, que necesita como Tony Soprano (pero sin saber el porqué real) acudir a una psicóloga. Como en Dollhouse, Tony es capaz de borrar de Henry los asesinatos de Edward, sus escaramuzas y mentiras, y devolverle a su hogar dulce hogar. Pero el sistema falla y Henry se descubre en medio de una misión, sin saber qué hacer (Edward debe atrapar a Uzi, un mafioso, que piensa que Edward es un psicópata, telita el nivel). Todo lo visto es una tapadera: su secretaria, su trabajo, su mejor amigo... excepto su familia (al menos su mujer le cuenta cómo se enamoraron y parece ser cierto). A través de un mecanismo escondido, Edward se transforma en Henry en el ascensor, como si de la cabina de teléfonos de Superman se tratara. Sabemos si es uno y otro por el careto de malo o tontorrón de Christian Slater (como la Toni Collette de United States of Tara, pero sin tanto histerismo).

En el primer episodio viajamos a París y a Moscú (la historia transcurre en Los Angeles), hay acción, asesinatos, explosiones, pasión (comienza con un polvo de Edward y su primera víctima) y mucha intriga. Algunas escenas no están muy bien conseguidas (como cuando se marea y cambia de personaje) pero en general es entretenida y nada predecible (inmejorable ver a Christian Slater hablándose a sí mismo en una grabación de vídeo). ¿Es un lavado de cerebro?, se pregunta Henry. “No, eso es lo que se ve en las películas”, le contesta su jefa. Henry no recuerda cómo empezó todo. ¿Le obligaron? No. Y esto es lo mejor: Edward se ofreció como voluntario, porque Henry en realidad es el experimento, no al contrario, un experimento que dura ya 19 años. ¿Porqué Edward se ofreció? “Para probar la existencia del libre albedrío una persona debe hacer algo que no quiere hacer”. Tremenda reflexión.

¿Y ahora qué? “Debemos borrar todos tus recuerdos o matarte”. Y en una escena a lo Matrix se los borran, así que en los siguientes episodios veremos al propio Henry/Edward intentando no olvidar nada de lo que le ocurra a su otro yo, como en Memento, tal vez, ¿no? Como dice el título, su propio enemigo es sí mismo pero al tener, como dicen en la película, “la personalidad dividida”, será también su único aliado.

1 comentario:

Jose J. Villaluenga dijo...

La serie fue mejorando en los últimos capítulos tras un bajón intermedio... pero aún así, la han cancelado, una más!