10.5.15

Bloodline (Netflix), intrigante (y soleado) drama familiar

(subido originalmente el 22.3.15)

(opinión sin spoilers) No es de Alexander Payne, pero tiene algo que me recuerda a su cine. Pronto se me olvida el efecto Lo descendientes, y pienso en la música de la intro a lo The Bridge, en la trama sabemos-que-algo-malo-va-a-pasar de The Affair, ese algo que haga explotar este aparente remanso de paz ambientado en un soleado hotel de los Cayos de Florida entre manglares. El piloto de Bloodline, estrenada el 20 de marzo en Netflix (ya están los 13 episodios online), reúne los ingredientes que me gustan cuando me engancho a un drama. Tiene suspense (que nos va adelantando una voz en off, saltando en el tiempo), atractivas localizaciones que parecen contradecir la trama (¿qué puede pasar en medio del paraíso?), un elenco de renombre (destaco a Ben Mendelsohn, actorazo, pero también están los más populares Kyle Chandler, Sissy Spacek, Sam Shepard, Chloe Sevigny), una historia potente de familia disfuncional, con la oveja negra de turno, a contracorriente de sus otros tres hermanos (Chandler; Sylvia Rosen, Mad Men; Norbert Leo Butz) y familia, y… ay, esas alucinaciones a lo Ray Donovan, qué serían sin ellas la mayoría de los dramas. "No somos malas personas, pero hicimos algo que estaba mal", leemos en el póster y es una de las últimas frases que se puede escuchar al final del piloto por boca de la voz en off, Kyle Chandler, el hijo perfecto, sheriff de la zona, un ejemplo a seguir. Una celebración familiar (como ocurre en The Slap y en otras tantas series), reúne a esta familia que se lleva bien, pero a la que le incomoda la presencia del hermano mayor, un tipo que, sabemos, está metido en algún lío. Seguramente las apariencias engañan y no son todos trigo limpio, pero la atención se centra en este personaje, en cómo los padres (Spacek y Shepard) no lo quieren cerca, en cómo le va a pasar ese algo-malo en el que se verán implicados sus tres hermanos (la forma de contarlo recuerda a Cómo defender a un asesino, algo –esa redundancia– que me molesta un poco del piloto). Bloodline tiene muy buena pinta, aunque no la veo muy Daños y perjuicios (Damages), como la han etiquetado, a pesar de haber sido creada por el mismo equipo. También es cierto que dejé de ver la serie de Glenn Close en su última temporada. Bloodline nos presenta un puzle que hay que montar, en el que algunas piezas tienen relación con los secretos de esta aparentemente ejemplar familia, pero hay otros elementos que tienen que ver con los habitantes de la zona (el amigo del oveja negra –Jamie McShane–, el asesinato de una joven) que podrían estar relacionados (o no) con los protagonistas. Y ese collar con un caballito de mar colgado, ¿qué significado tendrá? Curioso: sale casi de refilón, pero atención a Steven Pasquale (The Good Wife), ya es fácil imaginárselo montándoselo con Alicia Florrick.

La segunda temporada de Bloodline se estrena en Netflix el 27 de mayo.

Ránking de posters de series con agua.

Alucinaciones en las series de televisión.

(con spoilers del final)  
Trece episodios después, Bloodline me ha recordado en algunas ocasiones a The Affair, por ejemplo, cuando Danny (Ben Mendelsohn) se lleva a su sobrina en el barco, cómo se involucra a una menor para que las familias se enfrenten. De The Bridge nos queda el caso de los inmigrantes que mueren, de la trata de personas, y el tema del tráfico de drogas. Más allá de eso, Bloodline ha sabido encontrar su hueco, contando la historia de una familia aparentemente unida que se hace pedazos tras la aparición del hermano que todos odian. Danny trafica con la droga en el hotel, pone a su familia en peligro y cuando puede ponerse del lado de los Rayburn vende a su propio hermano. Era de cajón que acabase muerto, por eso lo vemos desde el principio de la serie. Y es John (Kyle Chandler) el que lo mata con sus propias manos. Se supone que todos rechazaron a Danny porque por su culpa murió una hermana, ahogada, al intentar recuperar el famoso collar con el caballito de mar y quedársele la mano encajada entre las rocas. Pero la hermana se fue con Danny porque la madre estaba en ese momento cogiendo la puerta para irse y pasó de ella. El padre propinó tal paliza a Danny que tuvieron que conspirar todos diciendo a la policía que le había atropellado un coche. Los niños no tenían la culpa, fueron esos padres mentirosos y manipuladores los que plantaron la semilla. En realidad, Bloodline es una lenta venganza de un loser que no tiene nada que perder y que desea que su familia sufra como él y se sienta igual de basura que él. Por otro lado, John es el tipo discreto y decente, que es cuando se ve al límite cuando se vuelve contra su naturaleza y le come el odio. Los cuatro últimos episodios son los mejores porque los buenos se convierten en malos, y aunque Danny muere en el episodio 1x12 aún hay tela que cortar en el último episodio, en el que vemos un salto en el tiempo de cuatro días y diferentes flashbacks que nos van acabando el puzle. Vamos, que merece la pena esperar tantos episodios, donde se desarrollan y evolucionan los personajes, para acabar viendo cómo el poli bueno se convierte en el gángster a su pesar. Un mes después, termina la serie, la abogada está en Nueva York, ¿cómo iba a acabar con el policía que investigaba el caso de Danny? El hermano pequeño vuelve con su pareja que está embarazada. Y el investigador contratado por la madre le dice que sus hijos le están mintiendo. Patapún! Y en la última escena, aparece el hijo de Danny que quiere hablar con John. Una manera genial de enganchar con la segunda temporada que veremos en 2016. Pero, ¿tendrá tanto enganche como ésta? Habrá que verlo. Y eso que cada vez que Kyle Chandler se pone las gafas de sol le resta credibilidad al drama. 

3 comentarios:

Gregorio Rufo dijo...

esta me la apunto. Está ya in spanish???

Mariló García dijo...

No se ha estrenado en España. Está en latino.

Anónimo dijo...

Vista en vose.
Muy buena.
Gracias por la recomendación